Los juegos de azar son un negocio que mueve millones de pesos diariamente y los grandes jugadores pertenecen a la clase más empobrecida, quienes buscan a través de las loterías poder resolver sus problemas económicos.
Es un hábito viejo, que empezó con rifas de aguante o caraquita, porque se hacía con la lotería de Venezuela. Luego dio paso a las bancas de apuestas que más tarde fueron legalizadas por la Lotería Nacional. Su aceptación es tal que hay más bancas que escuelas.
“Es sorprendente la frecuencia con que la gente recurre a los juegos arriesgándose a perder lo poco que tienen con la esperanza de multiplicar lo apostado”, expresa el sociólogo José Enrique Espinal.
En todos las zonas, rurales y urbanas, existen una gran cantidad de bancas de apuestas, ya sea de loterías o deportivas, las cuales han ido incrementándose, precisamente gracias a la necesidad de conseguir dinero que sienten algunos y al impulso de perder que padecen otros, ya que cuando el juego se vuelve adicción, al jugador no le interesa ganar, sino jugar.
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