Pensar en el mérito profesional y laborar, el nivel de vida y las posesiones materiales alcanzadas por los demás, son para muchos jóvenes motivos de angustia y lastiman el amor propio de los que llegan a sentir que no han logrado lo suficiente.
“Los más jóvenes empiezan a ver que sus compañeros de aulas han conseguido trabajo con los que pueden pagar sus estudios y dejar de ser una carga para su familia, pero también tener cierta holgura y darse pequeños lujos”, explica la orientadora Luz Parra.
La modernidad y las presiones sociales, llevan a los individuos exigirse a sí mismo y a estar en constante competencia con quienes los rodean, lo que no es malo, si no hay excesos.
Cada año miles de jóvenes ingresan a las universidades con el propósito de mejorar sus condiciones de vida a través de una carrera universitaria, con la convicción de que puede proporcionarles un mayor estatus, tanto en lo social como en lo personal, pero chocan con otra realidad.
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