De diferentes edades, tamaños y sexo, son los niños haitianos que mendigan por las calles de Santo Domingo, día y noche. Lo peor, es que no lo hacen por verdadera necesidad, sino para cumplir órdenes de adultos desalmados que los utilizan para conseguir dinero.
Expuestos a diversos peligros, decenas de pequeños, deambulan por la capital en espera de una moneda de caridad, pero a veces obtienen solo rechazo.
Lili, de siete años, camina todos los días por una de las principales avenidas del ensanche Naco, abordando los vehículos y los peatones que por allí circulan.
“Ella pasa diario, hasta en la noche, se para en el semáforo a pedir y en los parqueos de los negocios cercanos, y lo curioso es que si alguien le da comida u otra cosa que no sea dinero, no lo acepta”, manifiesta Luis Rodríguez, empleado de un restaurante del lugar. Otros vecinos del área, también han visto a la menor, en ocasiones acompañada de otros tres.
“Por aquí pasan hembras y varones, no mayores de 10 años, una vez me paré a hablarle a uno que me llamo bastante la atención por lo pequeño y le pregunte por sus padres, me dijo que la madre estaba en Haití y que su tío era quien lo mandaba a las calles”, expresa Luisa Gómez, residente del lugar.
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