Cuando se regresa con las manos vacías


En busca de un mejor futuro, muchos jóvenes emigran de sus comunidades hacia las universidades de la capital con el deseo de hacerse profesionales, pero por distintas circunstancias, renuncian a los estudios y terminan en oficios menores para ganarse la vida.

Para muchos jóvenes de pueblos, estudiar una carrera significa una oportunidad para contrarrestar la pobreza y vivir de manera digna, sin embargo, el trayecto es difícil, pocos logran llegar a la meta.
Johan Rivas, con 18 años, salió de Barahona con la intención de formarse como ingeniero electrónico en una universidad de Santo Domingo, tres años después abandonó ese sueño para dedicarse a la labor de barbero.

“Llegue hasta el 5to semestre, pero mi situación económica no era buena así que tuve que ponerme a trabajar, entonces no tenía mucho tiempo de estudiar y ahora me dedico a la barbería a tiempo completo”, dice.

Mezclar el trabajo con los estudios, es no es para mucho una opción y sí una necesidad, es por eso que algunos desertan y optan por hacer la actividad que le provee beneficios inmediatos.

“A veces no es que uno quiere son las circunstancias que llevan a poner las cosas en una balanza, yo me asocié con un pana y montamos un puesto de empanada cerca de la universidad para poder costear la carrera de derecho porque mis padre no podían cubrir mis gastos, luego mi novia quedó embarazada y no tuve más opción que dejar la carrera y ponerme a hacer dinero”, expresa Juan Carlos Méndez, un joven de 23 años.

Cada año ingresan a las aulas de las academias, miles de nuevos estudiantes, pero el 40 por ciento, no llega hasta el final.

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