Las vicisitudes de los uasdianos


La Universidad Autónoma de Santo Domingo es la más antigua del nuevo mundo, una de las más prestigiosas del país y la mejor opción para los pobres que buscan mejorar su nivel de vida mediante un título universitario, pero son muchas las dificultades que pasan los estudiantes para lograrlo.

Cada año, miles de jóvenes ingresan a las aulas de esa casa de estudios para obtener una profesión y al final también terminan graduándose también de la carrera de la vida.

Luis Manuel Méndez, un joven oriundo de Baoruco, dejó su pueblo y su familia para perseguir su sueño de ser médico, pero cuenta que el camino hacia su meta se hace cada día más duro y largo.

“A veces uno quisiera inscribir cinco o seis materias en un semestre y solo le proyectan dos o tres. Algunos profesores quieren ponerles las cosas en China a los estudiantes, se tardan muchísimo para publicar las notas y otros hasta las botan y hay que estar encima de ellos. Cuando no es una cosa es otra”.

Esa queja y la de las largas filas que hay que hacer hasta para usar un baño, son bastante comunes entre los alumnos.

“El que va a pagar o a solicitar algún servicio, debe ir preparado física y mentalmente para pasar largas horas en una fila y para que en cualquier momento le digan que se cayó el sistema, que vuelva mañana”, expresa Laura Espinal, estudiante de ingeniería.

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