Los juegos de azar son un negocio que mueve millones de pesos diariamente y los principales jugadores pertenecen a la clase más empobrecida, buscan a través de las loterías poder resolver sus problemas económicos.
Desde hace muchos años, se practican y su aceptación es extraordinaria. Sorprende tanto la gran cantidad de bancas de apuesta, rifas de aguante, y lista de números como la frecuencia con que la gente recurre a ellos arriesgándose a perder lo poco que tiene con la esperanza de multiplicar lo apostado. Se registran más negocios de ese tipo que escuelas.
En la zona rural y la urbana existe una gran cantidad de bancas de apuestas, ya sea de loterías o deportivas, las cuales han ido incrementándose, precisamente gracias a la necesidad de conseguir dinero y al impulso de perder que padecen otros, ya que cuando el juego se vuelve adicción, al jugador no le interesa ganar, sino jugar.
“Un dinerito extra no le cae mal a nadie y menos en estos tiempos de crisis en que vivimos, yo saco aunque sean 10 pesos para jugar mis numeritos todas las noches, a veces me saco, otras veces no, pero el que no arriesga no gana”, expresa Mercedes Díaz, una ama de casa de 69 años residente en el sector de Herrera.
El vicio de muchos es de tal magnitud que visualizan números en objetos y de las cosas que sueñan cada noche.
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